Alarico, Ataúlfo y Walia: servir a Roma, chantajearla y acabar heredándola
Historia, territorio y archivo.
Lo sabido, lo dudoso y lo inventado.
Crónicas, mapas y documentos para separar hechos, hipótesis y leyendas sin quitarles el barro ni el conflicto.
Alarico, Ataúlfo y Walia: servir a Roma, chantajearla y acabar heredándola
Antes de empezar conviene aclarar quiénes eran estos godos. No debemos imaginarlos como un país unido que cruzó la frontera con un rey, una bandera y un plan para conquistar Roma. Eran grupos de guerreros, familias, sirvientes, cautivos y seguidores de distintos orígenes que se agrupaban alrededor de jefes capaces de conseguirles comida, tierras, botín y seguridad.
Los llamamos visigodos por comodidad, pero todavía no existía un reino visigodo estable. Alarico no gobernaba un país con fronteras y funcionarios: dirigía una gran agrupación militar que necesitaba alimentarse y que podía crecer o deshacerse dependiendo de sus éxitos. Si conseguía un acuerdo con Roma, atraía seguidores. Si fracasaba, podía perderlos.
Cómo leer este culebrón
La clave no es memorizar nombres. Hay que seguir tres cosas: quién controla un ejército, quién puede repartir tierras y dinero y quién posee legitimidad imperial. Los personajes cambian de alianza cuando una de esas tres piezas deja de beneficiarles.
El tablero en 395: un imperio dividido, no desaparecido
Tras la muerte de Teodosio I, Oriente quedó bajo Arcadio y Occidente bajo Honorio. Las dos mitades seguían siendo romanas, pero tenían cortes, funcionarios, ejércitos e intereses propios. Alarico aprendería a presionar a una corte utilizando el miedo que provocaba en la otra.
Qué debe mirar el lector
Reparto principal
Alarico
Dirige una coalición móvil dentro del Imperio. Negocia, combate y vuelve a negociar.
Quiere: cargo, paga, alimentos y tierras.
Honorio
Está protegido en Rávena y depende de su corte y de sus generales para gobernar.
Quiere: conservar el trono sin premiar demasiado a ningún militar.
Estilicón
De ascendencia vándala, es el principal defensor de Occidente y el interlocutor de Alarico.
Quiere: utilizar a Alarico sin permitir que controle la corte.
Moneda del siglo VGala Placidia
Hermana de Honorio. Su parentesco la convierte en una pieza de legitimidad dinástica.
Representa: acceso directo a la familia de Teodosio.
Ataúlfo
Lleva a los godos hacia la Galia e Hispania y convierte una cautiva imperial en esposa.
Quiere: integrar fuerza goda y legitimidad romana.
Walia
Tras una crisis de abastecimiento, vuelve a pactar con Honorio y combate para Roma.
Consigue: alimentos, reconocimiento y asentamiento en Aquitania.
Y aquí está la cuestión: aquellos godos no llegaron a un Imperio romano intacto como el de Augusto. Se encontraron con un Imperio dividido entre varias cortes, lleno de generales enfrentados, emperadores adolescentes, funcionarios que conspiraban y ejércitos compuestos en buena medida por soldados de origen germánico. El poder romano seguía siendo enorme, pero estaba cada vez más repartido entre personas que utilizaban sus cargos, sus matrimonios y sus tropas para defender sus propios intereses.
Alarico no inventó este sistema. Aprendió a jugar dentro de él.
Alarico: el general que quería que Roma le reconociese
Alarico había combatido dentro del mundo romano y conocía perfectamente sus reglas. Su principal aspiración no era inicialmente destruir el Imperio, sino conseguir un mando militar importante, alimentos para sus seguidores, dinero y un territorio donde asentarlos.
Dicho de una manera sencilla: Alarico quería que Roma le contratase, le pagase y reconociese su poder.
El problema era que Roma hacía lo que llevaba décadas haciendo con muchos jefes militares: unas veces negociaba con ellos, otras los utilizaba contra sus enemigos y, cuando dejaban de resultar útiles, intentaba apartarlos, no pagarles o enfrentarlos con otro general.
Tras la muerte del emperador Teodosio en 395, el Imperio quedó dividido entre sus hijos. Arcadio gobernaba Oriente y Honorio Occidente, aunque ambos dependían mucho de sus cortes y de sus generales. Alarico trató de aprovechar las rivalidades entre las dos mitades del Imperio para obtener un cargo y mejores condiciones para sus hombres. A veces combatía contra Roma y otras veces aparecía prácticamente como un general romano negociando su siguiente misión.
No era una contradicción. Era el funcionamiento habitual de la política imperial.
Estilicón: un “bárbaro” defendiendo Roma de otros “bárbaros”
El hombre fuerte del Imperio occidental era Estilicón. Su padre era de origen vándalo, pero él había hecho carrera dentro del ejército romano hasta convertirse en el principal general de Honorio.
Esto ya desmonta bastante la película de «romanos contra bárbaros». El encargado de defender Roma frente a Alarico era un general romano de ascendencia vándala que mandaba tropas formadas por soldados de numerosos orígenes.
Además, Estilicón estaba completamente integrado en la familia imperial. Se había casado con Serena, sobrina del emperador Teodosio, y consiguió que dos de sus hijas se casaran sucesivamente con Honorio. Era general, suegro del emperador y uno de los hombres más poderosos de Occidente.
Aquello no era tanto un Estado moderno como una mezcla de administración imperial, clan familiar y red de fidelidades militares.
Estilicón y Alarico se enfrentaron varias veces, pero también negociaron. En un momento determinado, Alarico iba a participar en una operación militar impulsada por Estilicón en los Balcanes. El proyecto se canceló, pero Alarico y sus hombres ya se habían movilizado y exigieron una compensación por los gastos.
Era, salvando mucho las distancias, como contratar a un ejército, hacerle desplazarse y después decirle que el trabajo se había cancelado y que no pensabas pagarle.
Estilicón aceptaba que había que negociar. Una parte del Senado romano consideraba humillante pagar a Alarico, pero el general sabía que resultaba más barato comprar su colaboración que provocar otra guerra. Las negociaciones se rompieron cuando la política de la corte romana se convirtió en una auténtica carnicería.
La temporada completa: 395-418
Quién quiere qué de quién
Este es el motor de la historia. Ningún personaje actúa por una oposición abstracta entre “Roma” y “los bárbaros”. Todos intentan convertir tropas, parentescos y recursos en poder.
Reconocimiento militar, paga atrasada, alimentos y un territorio estable.
Presión: asedios y amenaza sobre Roma.Que combata cuando conviene, pero sin darle una posición que amenace a la corte.
Respuesta: prometer, retrasar y dividir.Evitar el hambre y el saqueo de la ciudad sin aceptar que un jefe militar dicte la política imperial.
Herramienta: rescates y emperadores alternativos.Su parentesco ofrece legitimidad a quien consiga unirla a su proyecto político.
Resultado: matrimonio con Ataúlfo.Roma asesina a su mejor general y empeora absolutamente todo
En el año 408, los enemigos de Estilicón convencieron a Honorio de que su general estaba conspirando para colocar a su propio hijo en el trono. Estilicón fue detenido y ejecutado por orden del mismo emperador al que llevaba años protegiendo.
Su hijo también fue perseguido y asesinado. Su esposa Serena acabó ejecutada en Roma, acusada de colaborar con Alarico. Según el historiador Zósimo, incluso Gala Placidia, hermana de Honorio, participó en la decisión que condujo a su muerte.
Es decir: la familia imperial eliminó a uno de sus principales generales, a su hijo y a su esposa, que además pertenecía a la propia dinastía imperial.
Pero la cosa todavía podía empeorar.
Tras la caída de Estilicón se produjo una purga contra las familias de numerosos soldados de origen germánico que servían en el ejército romano. Mujeres y niños fueron atacados en distintas ciudades italianas y muchos de aquellos soldados, al enterarse de lo ocurrido, abandonaron al emperador y se unieron a Alarico.
Roma consiguió así que miles de militares que hasta entonces estaban a su servicio pasaran al ejército de su enemigo.
Alarico no apareció de repente al frente de una horda llegada de un bosque remoto. Una parte considerable de sus fuerzas estaba compuesta por hombres que habían servido dentro del ejército romano y que se habían rebelado después de que el propio gobierno imperial persiguiera a sus familias. La ejecución de Estilicón también destruyó al interlocutor con quien Alarico había estado negociando.
408-410: Honorio se encierra en Rávena; Alarico aprieta Roma
El emperador era difícil de capturar en Rávena. Alarico presionó la ciudad que seguía concentrando prestigio, senadores y riqueza. El dibujo es esquemático: sirve para ver la lógica de posiciones, no para representar fronteras exactas.
Honorio estaba protegido en Rávena; Roma, no
El emperador Honorio se encontraba en Rávena, una ciudad protegida por marismas y bien comunicada por mar. Era muy difícil que Alarico pudiera capturarlo allí.
Por eso Alarico atacó Roma.
Pero Roma ya no era la capital administrativa efectiva del Imperio occidental. Seguía siendo una ciudad gigantesca, prestigiosa y cargada de simbolismo, además de residencia de numerosos senadores ricos, pero la corte imperial estaba en Rávena.
Alarico no podía atrapar al emperador, así que presionó aquello que Honorio debía proteger: la antigua capital y a su aristocracia.
Entre 408 y 410, Roma sufrió tres asedios. En el primero, Alarico bloqueó el abastecimiento de la ciudad. Al empezar a faltar la comida, el Senado tuvo que negociar directamente con él y pagar un enorme rescate.
Aquello se parecía menos a una invasión apocalíptica que a un chantaje militar:
—No.
—Entonces cierro las entradas de Roma hasta que cambiéis de opinión.
Mientras los habitantes pasaban hambre y los senadores intentaban alcanzar un acuerdo, Honorio permanecía protegido en Rávena. La corte imperial rechazaba o modificaba las condiciones negociadas por los propios romanos con Alarico, de modo que cada acuerdo acababa deshaciéndose.
Alarico se fabricó su propio emperador romano
Como Honorio no cedía, Alarico probó otra solución completamente romana: nombrar a otro emperador.
En el año 409 apoyó la proclamación del senador Prisco Átalo como emperador occidental. No intentó coronarse él mismo como rey de Italia. Buscó un aristócrata romano, lo vistió con la púrpura imperial y trató de gobernar a través de él.
Esto demuestra hasta qué punto Alarico seguía pensando dentro de las estructuras romanas. El problema no era necesariamente el Imperio como institución. El problema era que el emperador existente no le daba lo que quería. La solución consistía en sustituirlo por otro.
Pero Átalo tampoco resolvió los problemas de abastecimiento ni logró derrotar a Honorio. Alarico acabó destituyendo al emperador que él mismo había colocado, le quitó la púrpura y volvió a negociar con el emperador original.
Aquello era un imperio en el que un jefe godo podía nombrar y despedir a un emperador romano mientras seguía reclamando un cargo dentro del propio sistema imperial.
El emperador de quita y pon
Prisco Átalo no era un “rey bárbaro”: era un senador romano. Alarico lo elevó porque la autoridad imperial seguía siendo la moneda política más valiosa. Para conseguir obediencia no bastaba con tener tropas; convenía vestir el poder con títulos romanos.
La escena: Alarico no destruye el decorado imperial. Cambia al actor que ocupa el trono.
Entonces, ¿por qué saqueó Roma?
En 410, Alarico todavía intentó llegar a un acuerdo con Honorio. Sin embargo, durante las negociaciones fue atacado por Sarus, otro jefe godo que estaba al servicio del emperador y que además mantenía una rivalidad personal con él.
Aquí vuelve a romperse la idea de romanos contra godos. Un godo que quería entrar en la estructura imperial fue atacado por otro godo que ya trabajaba para el emperador romano.
Después de años de promesas incumplidas, pagos discutidos, asedios y negociaciones fracasadas, Alarico decidió atacar Roma.
Por eso el saqueo de 410 puede explicarse, de manera muy resumida, así:
No fue una invasión concebida desde el principio para borrar Roma del mapa. Fue el desenlace violento de una negociación militar y política que llevaba años pudriéndose.
Por cierto, tampoco fue exactamente un saqueo «al estilo de Atila»: Atila nunca llegó a saquear Roma. La imagen cinematográfica de la horda destruyéndolo todo encaja mejor con nuestros tópicos sobre los bárbaros que con lo ocurrido en 410.
No fue el fin de Roma, pero tampoco una visita turística
Esto no significa que el saqueo fuese pacífico. Durante tres días hubo robos, destrucciones, agresiones, capturas y personas reducidas a la esclavitud. Los hombres de Alarico entraron en casas, palacios y edificios públicos para llevarse metales preciosos, dinero, objetos valiosos y cautivos.
Pero no arrasaron completamente la ciudad ni asesinaron sistemáticamente a toda su población. Roma no desapareció y volvió a recuperarse durante las décadas siguientes. El impacto más grande fue simbólico: la ciudad que durante siglos había representado el centro del mundo romano había sido tomada por un ejército dirigido por un hombre al que el propio Imperio había utilizado, combatido y engañado sucesivamente.
El saqueo fue menos devastador que otros posteriores, pero provocó una conmoción enorme porque Roma no había caído ante un ejército extranjero desde hacía casi ochocientos años. El trauma fue tanto psicológico y político como material.
Lo que vemos y lo que ocurrió
La imagen es una recreación del siglo XIX, no una fotografía del año 410. Sirve para mostrar cómo generaciones posteriores imaginaron el episodio: muros, guerreros y una ciudad indefensa.
Matiz imprescindible: hubo violencia real, saqueo y esclavización, pero no una destrucción total de Roma ni el final inmediato del Imperio.
Gala Placidia: la princesa romana que terminó casada con el jefe godo
Entre las personas que quedaron en poder de los godos estaba Gala Placidia, hermana del emperador Honorio.
Gala Placidia era una pieza política valiosísima. Era hija de Teodosio y pertenecía a la familia imperial. Tenerla bajo control permitía negociar directamente con Honorio y daba prestigio a cualquier proyecto político.
Tras la muerte de Alarico a finales de 410, el mando pasó a Ataúlfo. Los godos abandonaron Italia y avanzaron hacia la Galia llevando consigo a Gala Placidia.
Y entonces la cautiva imperial acabó casándose con el jefe godo.
Ataúlfo y Gala Placidia celebraron su matrimonio en Narbona en 414 mediante una ceremonia cargada de elementos romanos. El antiguo emperador de quita y pon Prisco Átalo, que continuaba acompañando a los godos, pronunció el discurso de boda.
Es difícil encontrar una escena que resuma mejor aquel mundo: un dirigente godo casándose con una princesa romana, dentro de una ciudad romana, mediante una ceremonia romana y con un antiguo emperador romano actuando como maestro de ceremonias.
La boda no fue simplemente una historia de amor ni un secuestro disfrazado. Era una alianza política. Ataúlfo obtenía una conexión directa con la dinastía imperial y Gala Placidia ganaba una posición central dentro del nuevo poder godo.
Tuvieron un hijo y lo llamaron Teodosio, como el padre de Gala Placidia. El nombre mostraba claramente la ambición del matrimonio: unir la fuerza militar de Ataúlfo con la legitimidad de la familia imperial romana. Aquel niño podía haber representado una nueva dinastía romano-goda.
Pero murió siendo muy pequeño. Con él desapareció la posibilidad inmediata de una unión dinástica entre ambos poderes.
Ataúlfo también quería utilizar Roma, no destruirla
Ataúlfo trató de establecerse en la Galia y de intervenir en las guerras civiles romanas. Combatió contra varios usurpadores en nombre de Honorio y siguió negociando el reconocimiento de su posición.
Una tradición posterior le atribuye una reflexión muy significativa: al principio habría pensado en sustituir el Imperio romano por un reino godo, pero terminó comprendiendo que no podía gobernar sin las leyes, la administración y las instituciones romanas.
La frase exacta puede estar adornada por el autor que la transmitió, pero expresa bien el problema real: los godos tenían un ejército, pero necesitaban la maquinaria romana para recaudar impuestos, gobernar ciudades, organizar territorios y legitimar su poder.
No estaban construyendo un mundo desde cero. Estaban intentando hacerse con una parte del que ya existía.
410-418: de Italia a la Galia, Hispania y Aquitania
Después del saqueo, el grupo no se quedó gobernando Roma. Recorrió el sur de Italia, regresó hacia la Galia, entró en Hispania y finalmente obtuvo un asentamiento en Aquitania.
Asesinatos, venganzas y una reina obligada a caminar entre cautivos
Ataúlfo fue asesinado en Barcelona en 415. El autor del crimen parece haber actuado para vengar a Sarus, el mismo jefe godo rival que había atacado a Alarico durante sus negociaciones con Honorio.
El conflicto entre ambos jefes sobrevivió así a la muerte de Alarico y terminó alcanzando a su sucesor.
Después del asesinato, Sigerico se hizo con el poder. Mandó matar a los hijos que Ataúlfo había tenido en una relación anterior y humilló públicamente a Gala Placidia, obligándola a caminar junto a otros cautivos.
Sigerico duró aproximadamente una semana. También fue asesinado.
Este episodio permite entender que los godos no formaban un bloque unido. Existían familias, facciones y clientelas militares que competían por el mando. El llamado «rey» conservaba su posición mientras pudiera alimentar a sus seguidores, ganar batallas y mantener alianzas. Cuando dejaba de hacerlo, podía acabar asesinado y sustituido por otro jefe.
Siete días de reinado y un aviso visual
Este retrato fue creado muchos siglos después y no muestra el rostro real de Sigerico. Se incluye como parte de la memoria visual española de los “reyes godos”, no como documento contemporáneo.
Lo histórico: el mando godo era frágil, dependía de facciones militares y podía cambiar mediante asesinato en cuestión de días.
Walia: después del saqueo, otra vez a trabajar para Roma
Tras la muerte de Sigerico, Walia asumió el mando. Los godos estaban pasando dificultades de abastecimiento e intentaron sin éxito llegar al norte de África, una región fundamental porque desde allí llegaba buena parte del cereal que alimentaba al Mediterráneo occidental.
Walia terminó alcanzando un acuerdo con Honorio. Entregó a Gala Placidia y recibió alimentos. Después, sus tropas fueron enviadas a Hispania para combatir contra alanos, vándalos y suevos en nombre del emperador.
La situación resultaba aparentemente absurda: los mismos godos que habían saqueado Roma en 410 actuaban pocos años después como ejército romano en Hispania.
Pero no había ninguna contradicción. Roma seguía necesitando soldados y los godos necesitaban comida, territorios y reconocimiento. Ambos se utilizaban mutuamente.
Tras sus campañas en Hispania, Walia y sus seguidores recibieron tierras en Aquitania en 418. Ese asentamiento suele considerarse el origen del reino visigodo de Tolosa.
Sin embargo, todavía no era un reino independiente que hubiese sustituido por completo a Roma. Era un poder militar asentado dentro del territorio imperial, autorizado por el gobierno romano y encargado de mantener cierto control en una región que el emperador ya no podía gobernar eficazmente por sus propios medios.
El resultado en 418: Roma sigue en el mapa, pero ya comparte el poder
El territorio imperial no desaparece. Lo que cambia es quién ejerce realmente la fuerza en cada zona. Los godos aparecen asentados en la Galia como federados, mientras otros grupos dominan partes de Hispania y la corte intenta conservar una apariencia de unidad.
La idea clave
La historia de Alarico, Ataúlfo y Walia no es la de una horda que destruyó desde fuera un Imperio romano perfecto.
Es la historia de unos dirigentes militares que aprendieron a moverse dentro de un Imperio en decadencia: negociaron cargos, exigieron salarios, participaron en guerras civiles, nombraron emperadores, se casaron con princesas romanas, combatieron para Roma y la atacaron cuando los acuerdos dejaron de beneficiarles.
Roma, por su parte, los contrató, los enfrentó entre sí, les prometió tierras, trató de engañarlos, asesinó a sus interlocutores y terminó utilizándolos para defender territorios que ya no podía controlar sola.
El reino visigodo no apareció cuando los godos destruyeron Roma. Apareció cuando el Imperio comenzó a entregar a poderes militares autónomos funciones que antes realizaba el propio Estado romano.
No sustituyeron de golpe al Imperio. Fueron creciendo dentro de sus grietas.
Fuentes y créditos visuales
Los retratos de Alarico, Ataúlfo, Walia y Sigerico son recreaciones modernas y aparecen señalados como tales. Las monedas, el díptico de Estilicón y los mapas se utilizan como documentos visuales o cartográficos, con enlace a su ficha de licencia.
- Mapa de Oriente y Occidente en 395 · Wikimedia Commons.
- Mapa del Imperio occidental en 418 · Paulusburg, CC BY-SA 4.0.
- Díptico de Estilicón, Serena y Euquerio · ca. 395, dominio público.
- Sólido de Honorio · American Numismatic Society, CC0.
- Moneda de Gala Placidia · CNG, licencia libre.
- Moneda de Prisco Átalo · Wikimedia Commons.
- Representación del saqueo de Roma · José Serra y Porson, dominio público.
- Fuentes antiguas sobre el saqueo de 410 · Internet Ancient History Sourcebook.
Si te sirve, sostén La Guardilla Historia
Investigación, mapas, fuentes, cronologías y cultura contada desde abajo.
Tu apoyo ayuda a mantener el archivo sin depender de publicidad basura ni del vaivén del algoritmo.
El final de Roma · Archivo de La Guardilla
Más artículos sobre Antigüedad tardía, visigodos, poder romano y la transformación política de Occidente.
Ver archivo de articulos
Comentarios
Publicar un comentario