Top 7 godos traicionados
Top 7 godos traicionados
Ser elegido rey por los godos tenía un pequeño inconveniente: quienes te habían colocado en el trono conservaban la costumbre de decidir cuándo había llegado el momento de bajarte de él. Algunas veces bastaba con cambiar de bando. Otras, había que cortar una mano, apagar las luces durante la cena o convencer al reino de que un monarca vivo ya pertenecía al mundo de los muertos.
Este no es otro repaso general a la inestabilidad de la monarquía visigoda. Es un ranking de traiciones concretas: hombres asesinados por sus hermanos, reyes abandonados por sus propias tropas y conspiraciones palaciegas en las que el ritual podía ser tan eficaz como el acero. Bajamos desde el número siete hasta la operación más refinada de todas.
¿Qué cuenta como traición?
No basta con perder una batalla o ser derrotado por un enemigo declarado. Para entrar en este top, el golpe debe proceder de la familia, el séquito, el ejército propio o la aristocracia que debía sostener al rey.
Agila I
Agila llevaba años combatiendo a Atanagildo, un rival que había llegado a solicitar ayuda militar al Imperio romano de Oriente. La guerra civil permitió a los bizantinos instalarse en el sur de Hispania y convirtió la disputa por la corona en una amenaza para todo el reino.
Los seguidores de Agila terminaron haciendo un cálculo brutal: continuar defendiéndolo era más peligroso que aceptar al hombre contra el que llevaban años luchando. En Mérida, en 555, asesinaron a su propio rey y reconocieron a Atanagildo.
La traición no llegó desde el campamento enemigo, sino desde el ejército que todavía debía protegerlo.
Siete golpes en dos siglos y medio
Ataúlfo
Ataúlfo había mandado matar a Saro, uno de los jefes godos que se habían enfrentado a Alarico. Poco después, mientras la corte se encontraba en Barcelona, el rey fue asesinado por un miembro de su propio entorno vinculado al antiguo enemigo.
Las versiones conservadas no permiten reconstruir todos los detalles con seguridad, pero el núcleo de la historia es suficientemente oscuro: alguien admitido en la proximidad del monarca aprovechó esa confianza para culminar una venganza. Después, Sigerico, hermano de Saro, ocupó brevemente el trono y persiguió a la familia de Ataúlfo.
Matas a un rival, acoges a uno de los suyos y descubres demasiado tarde que el séquito también puede ser un caballo de Troya.
Turismundo y Teodorico II
Tras la muerte de Teodorico I en los Campos Cataláunicos, Turismundo fue elevado sobre el escudo y proclamado rey. Su reinado duró poco. Sus hermanos Teodorico y Frederico participaron en la conspiración que acabó con él, y Teodorico II se quedó con la corona.
El nuevo rey gobernó durante más de una década, el tiempo suficiente para comprobar que un fratricidio también podía convertirse en precedente. En 466 fue asesinado por otro hermano, Eurico, que ocupó el trono y construyó uno de los reinados más poderosos de la historia visigoda.
Teodorico II mostró a su familia cómo se sustituía a un hermano. Eurico solo tuvo que repetir el procedimiento.
Liuva II
Liuva II heredó en 601 el reino de su padre, Recaredo. Era joven y no disponía todavía de una red propia suficientemente fuerte. Dos años después, Witerico encabezó una conspiración palaciega, lo capturó y ordenó que le amputaran la mano derecha.
La mutilación no era un añadido gratuito. Un cuerpo considerado incompleto podía quedar desacreditado para ejercer la realeza. Liuva fue eliminado primero como rey y después como persona: tras la amputación, terminó ejecutado.
No bastaba con arrebatarle el poder. Había que convertir su propio cuerpo en la prueba de que ya no podía recuperarlo.
Teudiselo
Teudiselo apenas llevaba alrededor de un año y medio en el trono cuando una parte de la aristocracia decidió que ya había reinado suficiente. Isidoro de Sevilla atribuyó la conspiración a los abusos sexuales del rey contra las familias de los poderosos, una explicación moralizante que debe leerse con cautela.
Gregorio de Tours ofrece la escena que ha convertido el episodio en leyenda: durante un banquete celebrado en Sevilla se apagaron las luces y alguien mató al monarca en la oscuridad. Cuando regresó la iluminación, había un cadáver, muchos posibles culpables y ninguna necesidad política de investigar demasiado.
La oscuridad no solo ocultó la mano que empuñaba el arma. Protegió a toda la sala.
Witerico
Witerico había alcanzado el trono mediante la conspiración contra Liuva II. Su gobierno, apoyado en parte de la aristocracia y del ejército, no consiguió convertir el golpe original en una legitimidad estable. En 610, los mismos círculos palaciegos que podían fabricar un rey organizaron su desaparición.
Fue asesinado durante una comida. Después, su cadáver fue arrastrado por las calles de Toledo y enterrado sin honores. La humillación pública transformó el cuerpo del antiguo monarca en una declaración política: no había muerto un rey legítimo, sino alguien al que sus vencedores querían reducir a tirano.
Había demostrado que una conjura podía convertir a un noble en rey. Sus enemigos demostraron que también podía convertir a un rey en un cadáver sin dignidad.
Wamba
En octubre de 680 Wamba sufrió una enfermedad repentina y quedó aparentemente próximo a la muerte. Mientras estaba inconsciente recibió la penitencia pública, fue vestido como penitente y tonsurado. El ritual estaba pensado para alguien que abandonaba definitivamente el mundo y se preparaba para morir.
Pero Wamba sobrevivió. El problema era que un penitente tonsurado no podía regresar con normalidad al ejercicio de la realeza. Ervigio fue ungido pocos días después y el XII Concilio de Toledo validó la sucesión, liberó a los súbditos del juramento prestado al antiguo rey y cerró jurídicamente el golpe.
La historia del narcótico administrado por Ervigio procede de una tradición posterior y no puede presentarse como un hecho probado. Lo seguro es más interesante: una crisis médica fue aprovechada para convertir un ritual religioso en un mecanismo de deposición.
A los demás les quitaron la corona porque estaban muertos. A Wamba consiguieron quitársela precisamente porque seguía vivo.
vs.
fuente
“Ervigio drogó a Wamba y lo tonsuró mientras dormía”
Lo problemático: la versión explícita del narcótico aparece en relatos posteriores y añade una intención criminal que las fuentes cercanas no permiten demostrar.
Lo que sí sabemos: Wamba quedó inconsciente, recibió penitencia y tonsura, sobrevivió y fue considerado incapaz de continuar reinando. Ervigio ocupó inmediatamente el trono y el concilio legitimó el cambio.
Una formulación mejor: no sabemos si la enfermedad fue provocada, pero sí que su entorno político convirtió aquella situación en una deposición irreversible.
El verdadero ganador del top
Detrás de todos estos casos aparece la misma realidad: el rey visigodo era sagrado, poderoso y, al mismo tiempo, dependiente. Necesitaba a la familia, al ejército, a los grandes propietarios y a los obispos para gobernar. Cuando esa red se rompía, la corona dejaba de protegerlo.
La traición no era una anomalía exterior al sistema. Era una de las herramientas con las que el propio sistema corregía, sustituía o eliminaba a un monarca. A veces hablaba mediante una espada. A veces esperaba a que se apagaran las luces. Y en el caso de Wamba, le bastó con una navaja de tonsura y un concilio dispuesto a convertir el hecho consumado en derecho.
Fuentes y lecturas para no inventarnos el culebrón
El ranking combina crónicas tardoantiguas, actas conciliares y bibliografía moderna. Las escenas más espectaculares se presentan con cautela cuando dependen de una fuente tardía o moralizante.
- Isidoro de Sevilla. Historia de los reyes godos, vándalos y suevos, especialmente los capítulos dedicados a Teudiselo, Agila, Liuva II y Witerico.
- Gregorio de Tours. Historias, III, 30, para la muerte de Teudiselo durante el banquete.
- Hidacio y las continuaciones cronísticas del siglo V. Para las sucesiones de Turismundo, Teodorico II y Eurico.
- Olimpiodoro de Tebas. Fragmentos conservados para el asesinato de Ataúlfo y las luchas en torno a Saro y Sigerico.
- XII Concilio de Toledo, 681. Actas relativas a la penitencia de Wamba y la legitimación de Ervigio.
- Roger Collins. Visigothic Spain, 409–711. Blackwell, 2004.
- Peter Heather. The Goths. Blackwell, 1996.
- Santiago Castellanos. The Visigothic Kingdom in Iberia. University of Pennsylvania Press, 2020.
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Godos esenciales · Archivo de La Guardilla
Este artículo forma parte de la serie sobre el poder, la sucesión y las contradicciones de la monarquía visigoda.
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