Cuando Hispania se rompió en pedazos
Historia, territorio y archivo.
Lo sabido, lo dudoso y lo inventado.
Crónicas, mapas y documentos para separar hechos, hipótesis y leyendas sin quitarles el barro ni el conflicto.
Cuando Hispania se rompió en pedazos
En el año 910 Alfonso III fue expulsado del poder y sus hijos se repartieron la monarquía del noroeste. León, Galicia y Asturias quedaron en manos distintas; en Pamplona acababa de imponerse una nueva dinastía; los herederos de Wifredo gobernaban varios condados orientales y Córdoba apenas conseguía dominar a sus propias familias fronterizas. Doscientos años después de la conquista de 711, Hispania no se había dividido en dos: se había fragmentado en muchas.
Este dossier reconstruye ese proceso desde una perspectiva peninsular. Al-Ándalus es imprescindible, pero el centro de la historia será cómo se formaron Asturias-León, Pamplona, Castilla, Aragón y los condados carolingios. La tesis es sencilla: ninguno nació terminado ni obedeció desde el principio a un proyecto nacional o religioso coherente.
La pregunta histórica
¿Cómo pasó la antigua Hispania visigoda de tener una monarquía con centro en Toledo a albergar varios poderes que competían por sus ciudades, sus valles y también por la memoria de aquella Hispania desaparecida?
1. DESPUÉS DE TOLEDO: UNA CONQUISTA, MUCHAS CONTINUIDADES
La conquista comenzó en 711 aprovechando una crisis sucesoria del reino visigodo, pero no puede explicarse únicamente por la traición de un conde, la debilidad moral de los godos o una batalla decisiva en Guadalete. El califato omeya llevaba décadas extendiéndose por el Mediterráneo y el norte de África. Las tropas de Tariq ibn Ziyad, formadas mayoritariamente por bereberes, derrotaron al ejército de Rodrigo y encontraron una estructura política cuya autoridad central podía derrumbarse si desaparecía el rey y se rompía la fidelidad de las aristocracias.
Tariq y Musa ibn Nusayr ocuparon los principales centros políticos, pero la sumisión no se hizo siempre de la misma manera. Algunas ciudades fueron conquistadas; otras negociaron. El pacto atribuido a Teodomiro en 713 muestra a un potentado cristiano que conservaba personas, propiedades e iglesias a cambio de obediencia y tributos. No toda Hispania se transformó en una sociedad islámica en cuatro años: durante mucho tiempo la mayoría de la población continuó siendo cristiana, hablando latín tardío o romances y viviendo bajo autoridades locales parcialmente heredadas del mundo anterior.
La administración conquistadora tampoco estaba terminada. Al-Ándalus fue primero una provincia periférica del califato omeya, dependiente de Ifriqiya y, en último término, de Damasco. Sus gobernadores se sucedieron con rapidez; árabes y bereberes compitieron por tierras y tributos; los contingentes sirios llegados durante la crisis de 740-742 añadieron otra capa de poder. En 756 Abd al-Rahman I derrotó a sus rivales y fundó un emirato omeya políticamente independiente, pero todavía tendría que negociar o combatir con numerosas familias regionales.
2. LOS NUEVOS PODERES: NO NACIERON TODOS A LA VEZ
Asturias: de una insumisión local a una monarquía
Pelayo es un personaje histórico probable, pero sabemos muy poco del hombre real. Las versiones extensas de su rebelión y de Covadonga proceden de las crónicas asturianas redactadas a finales del siglo IX, cuando la corte de Alfonso III necesitaba presentar su dinastía como continuadora de los reyes visigodos. La fecha tradicional de 722 resulta posible, no segura; el tamaño del enfrentamiento y la biografía goda de Pelayo son todavía más difíciles de comprobar.
Lo decisivo no fue una supuesta gran batalla fundacional, sino la supervivencia de un poder local en las montañas. Con Alfonso I, entre 739 y 757, aquel núcleo incorporó o sometió espacios de Galicia, la costa cantábrica, Liébana y territorios hacia el alto Ebro. Las tradiciones lo relacionan con Pedro, duque de Cantabria, y su matrimonio con Ermesinda lo integró en la familia de Pelayo. Esa alianza ayuda a entender que el primer reino no fuera exclusivamente astur: reunía aristocracias y comunidades astures, cántabras y galaicas.
Las campañas de Alfonso I alcanzaron ciudades al sur de la cordillera. Las crónicas posteriores afirmaron que trasladó población cristiana hacia el norte y dejó vacío el valle del Duero. La historiografía ya no acepta un «desierto» completo: hubo violencia, desplazamientos y pérdida de poderes urbanos, pero también continuidad campesina. Más que una línea vacía apareció una amplia franja de control discontinuo.
De Pravia a Oviedo: inventar una corte y una legitimidad
Los primeros soberanos no tuvieron una capital estable en sentido moderno. Cangas de Onís quedó asociada a Pelayo; Silo gobernó desde Pravia; Alfonso II convirtió Oviedo, desde finales del siglo VIII, en residencia regia y centro eclesiástico. La construcción de iglesias, el ceremonial y las relaciones con la corte carolingia hicieron visible una monarquía que pretendía durar.
En este proceso la Iglesia fue fundamental. Beato de Liébana intervino en la disputa contra el adopcionismo de Elipando de Toledo y conectó la montaña cántabra con debates europeos. El hallazgo de la supuesta tumba de Santiago, durante el reinado de Alfonso II, proporcionó otro santuario legitimador. Solo gradualmente la corte comenzó a afirmar que estaba restaurando el orden de los godos. La ideología de «pérdida y restauración de España» fue una construcción del siglo IX, no necesariamente el programa político de Pelayo.
Pamplona: vascones, omeyas, francos y parientes musulmanes
Pamplona no apareció como un reino cristiano cerrado tras 711. Durante un siglo fue una plaza disputada entre autoridades andalusíes, poderes vascones, carolingios y linajes del valle del Ebro. En 778 Carlomagno entró en la Península esperando recibir Zaragoza. Cuando la operación fracasó, derribó las defensas de Pamplona y su retaguardia fue atacada en Roncesvalles por vascones. La épica transformó después a aquellos atacantes en musulmanes.
En 824 una nueva expedición franca sufrió la llamada segunda batalla de Roncesvalles. A partir de entonces se consolidó el poder de Íñigo Arista o Eneko Aritza. Su familia mantuvo vínculos estrechos con los Banū Qasī, el linaje muladí dominante en partes del valle del Ebro. Las fuentes árabes presentan incluso a Íñigo y Musa ibn Musa como hermanos maternos, aunque los detalles genealógicos deben manejarse con cautela. Lo esencial es que Pamplona no sobrevivió aislándose del mundo islámico, sino participando en sus redes familiares y políticas.
En 905 Sancho Garcés I desplazó a la dinastía Íñiga. Con él comenzó una orientación más expansiva hacia La Rioja y una cooperación más frecuente con la monarquía leonesa. Aun así, durante este periodo es más preciso hablar de reino de Pamplona que de Navarra.
La frontera carolingia: varios condados, no una Cataluña anticipada
Los carolingios pretendían alejar el poder andalusí del sur de la Galia. Girona pasó a su dominio en 785 y Luis el Piadoso tomó Barcelona en 801. Alrededor de estas ciudades y de los valles pirenaicos se organizaron condados como Barcelona, Girona, Urgell, Cerdaña, Osona, Empúries, Pallars y Ribagorza. No formaban una provincia unificada. La expresión «Marca Hispánica» aparece en textos narrativos carolingios, pero no fue el nombre oficial de un país ni existió un marqués que gobernara todo el conjunto.
Las poblaciones locales conservaron parte de la tradición jurídica visigoda, mientras condes, obispos y monasterios se integraban en el mundo franco. Desde 878 Wifredo el Velloso concentró varios condados y promovió centros como Ripoll y Sant Joan de les Abadesses. Al morir en 897, sus hijos heredaron sus dignidades sin que la monarquía franca pudiera reorganizarlas. Fue un avance de la patrimonialización condal, pero no una independencia formal ni el nacimiento instantáneo de Cataluña.
Aragón y Castilla: dos fronteras que todavía no eran reinos
En los Pirineos centrales, el condado de Aragón surgió bajo influencia franca en torno al valle de Hecho y acabó estrechamente relacionado con Pamplona. Sobrarbe y Ribagorza siguieron trayectorias diferentes y están peor documentados. El reino de Aragón pertenece al siglo XI: en el IX solo encontramos pequeños poderes condales situados entre Pamplona, los carolingios y las ciudades andalusíes de Huesca y Zaragoza.
Castilla era la frontera oriental de la monarquía asturiana. Álava, Amaya y los valles burgaleses estaban expuestos a expediciones cordobesas y a la política de los Banū Qasī. Rodrigo aparece como conde de Castilla durante el reinado de Ordoño I; Burgos quedó asociada a Diego Rodríguez en 884. No existía aún una Castilla independiente, sino una constelación de condados y fortalezas subordinada al poder de Oviedo.
León: cuando el centro bajó de la montaña
Ordoño I reforzó León a mediados del siglo IX y Alfonso III extendió su autoridad hacia el Duero, Astorga, Zamora, Oporto y Coimbra. León poseía murallas romanas, comunicaciones con la Meseta y una posición más adecuada para dirigir la nueva frontera que Oviedo. El traslado del centro no fue una mudanza ceremonial de un día, sino el resultado de la expansión territorial.
En 910 Alfonso III fue obligado a abandonar el trono y sus hijos se repartieron los dominios: García recibió León, Ordoño Galicia y Fruela Asturias. Los territorios volverían a reunirse, pero la gravedad política ya se había desplazado. Por eso 910 sirve como cierre convencional de la monarquía asturiana y comienzo de la etapa leonesa.
Cronología esencial
Lo importante es lo que ocurre a la vez
La secuencia evita contar primero “la historia musulmana” y después “la cristiana”. Cada franja temporal muestra cuatro espacios conectados por campañas, matrimonios, tributos y cambios de fidelidad.
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756
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824
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866
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910
El mosaico peninsular hacia 910
El esquema muestra centros de poder y zonas de influencia, no fronteras estatales modernas. Castilla seguía dentro de la monarquía noroccidental; Aragón era un condado; los territorios orientales continuaban formalmente vinculados a los francos y el emirato controlaba de manera desigual una enorme extensión.
Lectura del mapa: reconstrucción esquemática de La Guardilla Historia. Las manchas representan áreas políticas aproximadas; no deben leerse como fronteras administrativas exactas ni como espacios étnicamente homogéneos.
Tres mapas para dos siglos de cambios
En lugar de comprimir todo el periodo en una sola mancha, la secuencia permite ver tres procesos distintos: el predominio andalusí tras la conquista, la formación de corredores carolingios y asturianos, y la llegada del eje político al Duero hacia 910.
Cómo leerlos: son reconstrucciones didácticas, no catastros medievales. Las fronteras eran porosas, el dominio podía reducirse a ciudades, fortalezas, rutas y cobro de tributos, y algunos detalles —especialmente la extensión de poderes fronterizos como los Banū Qasī— siguen discutidos.
3. QUÉ SABEMOS Y QUÉ ESTAMOS INTERPRETANDO
El problema principal es la desigualdad de las fuentes. La Crónica mozárabe de 754 está relativamente próxima a la conquista, pero fue escrita desde un medio cristiano integrado en al-Ándalus y apenas explica los pequeños poderes septentrionales. Para Asturias dependemos en gran medida de la Crónica albeldense y de las versiones de la Crónica de Alfonso III, redactadas a finales del siglo IX con una evidente función legitimadora.
En Pamplona hay que combinar anales francos, noticias árabes y genealogías posteriores. Para los condados orientales la documentación mejora durante el siglo IX gracias a diplomas carolingios y monásticos. La arqueología, la numismática y el estudio del poblamiento permiten corregir algunas imágenes creadas por las crónicas, como la despoblación absoluta del Duero o la desaparición total de las instituciones cristianas bajo dominio andalusí.
Estado de la evidencia
No todas las escenas tradicionales tienen el mismo grado de seguridad. Esta distinción evita convertir una historia de orígenes en una colección de leyendas nacionales.
La conquista de 711, el emirato de Abd al-Rahman I desde 756, Roncesvalles en 778, la toma carolingia de Barcelona en 801, el enfrentamiento de 824 y la división dinástica de 910.
La fecha y dimensión de Covadonga, el origen social de Pelayo, el alcance de la despoblación del Duero y el control real que cada monarquía ejercía fuera de sus centros principales.
Las lealtades exactas de muchas comunidades, la biografía completa de los primeros caudillos y cuánto conservan de realidad histórica ciertas genealogías redactadas mucho después.

Una moneda con dos nombres
Los dinares bilingües de 98 de la Hégira presentan el territorio como Spania en latín y al-Andalus en árabe. La moneda no demuestra que ambas identidades fueran equivalentes para toda la población, pero sí muestra a una administración que construía un poder nuevo utilizando todavía el lenguaje monetario comprensible del mundo conquistado.
Clave de lectura: en 716 la transformación política era real, pero la arabización administrativa y la islamización social apenas estaban comenzando. Imagen: Classical Numismatic Group, Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5.
4. 910: EL MAPA QUE PREPARÓ LA EDAD MEDIA PENINSULAR
Hacia 910 al-Ándalus seguía ocupando la mayor parte de la Península y poseía sus principales ciudades y espacios agrícolas, pero el emir Abd Allah gobernaba un territorio atravesado por rebeliones. Toledo, Mérida, los Banū Qasī y Umar ibn Hafsún demostraban que Córdoba tampoco era un bloque compacto. La posterior reunificación de Abd al-Rahman III no debe proyectarse hacia atrás.
En el noroeste, León sustituía gradualmente a Oviedo como centro de una monarquía extendida hasta el Duero. Castilla seguía siendo su frontera oriental. Pamplona había cambiado de dinastía y comenzaba a mirar hacia La Rioja. Aragón era todavía un condado. En el este, las familias condales actuaban con autonomía creciente, aunque continuaban dentro del horizonte político carolingio.
El resultado no fue una división permanente entre una España cristiana y otra musulmana. Fue un sistema de poderes de tamaño desigual que se aliaban y combatían según intereses familiares, fiscales y territoriales. Los Banū Qasī podían colaborar con Pamplona contra Córdoba; los reyes asturianos negociaban treguas con emires; los condes carolingios pactaban con ciudades andalusíes; las aristocracias cambiaban de fidelidad y, en ocasiones, también de religión.
Fuentes y lecturas
Selección de fuentes y estudios consultados para distinguir los acontecimientos documentados de las construcciones políticas posteriores.
- FUENTES PRIMARIAS. Crónica mozárabe de 754; Crónica albeldense; versiones Rotense y Sebastianense de la Crónica de Alfonso III; Annales regni Francorum; pacto de Tudmir transmitido por al-Udri y al-Dabbi.
- EDICIÓN DE REFERENCIA. Juan Gil Fernández, José Luis Moralejo y Juan Ignacio Ruiz de la Peña, Crónicas asturianas, Universidad de Oviedo, 1985.
- PRIMER AL-ÁNDALUS. Alejandro García Sanjuán, “Al-Andalus durante los primeros emires, 716–756”, Zona Arqueológica, 15, 2011, pp. 177–190. Ficha académica.
- ASTURIAS. Francisco Javier Fernández Conde, “Poderes sociales y políticos en Asturias. Siglos VIII–X”, Territorio, Sociedad y Poder, 2009. Texto completo.
- CASTILLA. Carlos Estepa Díez, “La Castilla primitiva (750–931): condes, territorios y villas”, Territorio, Sociedad y Poder, 2009. Texto completo.
- NORESTE PENINSULAR. Xavier Costa-Badia, Jordina Sales-Carbonell y Marta Sancho i Planas, “De visigodos a carolingios”, Hispania Sacra, 76, 2024. Texto completo.
- MARCA HISPÁNICA. Síntesis sobre la monarquía carolingia y el poder condal, Enciclopèdia Catalana. Consulta.
- PAMPLONA. Real Academia de la Historia, “824: segunda batalla de Roncesvalles”. Historia Hispánica.
- PACTOS DE CONQUISTA. Francisco Franco-Sánchez, “Análisis de las dos líneas de transmisión del tratado de Tudmir”, Anaquel de Estudios Árabes, 27, 2016, pp. 63–79. Texto completo.
- NUMISMÁTICA. Museo Arqueológico Nacional, ficha del dinar bilingüe con las leyendas SPANIA y al-Andalus. Catálogo CER.es.
- CARTOGRAFÍA COMPARADA. Serie de reconstrucciones peninsulares de 750, 814 y 910 conservada en Wikimedia Commons y derivada parcialmente de la cartografía histórica de University of Texas Libraries. Se utiliza como guía didáctica, no como delimitación administrativa exacta. 750 · 814 · 910.
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Las nuevas Hispanias · Archivo de La Guardilla
Serie sobre la formación de al-Ándalus, Asturias-León, Pamplona, Castilla, Aragón y los condados orientales entre los siglos VIII y X.
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