La otra «Reconquista»: cuando Pamplona iba por libre

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La otra «Reconquista»: cuando Pamplona iba por libre

Asturias avanzaba hacia el Duero; Pamplona se estaba construyendo entre francos, Córdoba y los Banu Qasi. Dos fronteras cristianas, dos maneras muy distintas de sobrevivir y expandirse.
DOSSIER HISTÓRICO · MAPAS, FUENTES Y RELATO DIVULGATIVO
11 DE AGOSTO DE 2026 · SIGLOS VIII–XI · 14 MIN DE LECTURA
Fuentes del artículo

En 778, una retaguardia franca que regresaba de Zaragoza fue destrozada en los Pirineos por combatientes vascones. Casi medio siglo después, en 824, otra expedición franca volvió a fracasar en la misma frontera. Pamplona no nació mirando primero hacia Córdoba como una pequeña Asturias oriental: nació intentando que ni los carolingios del norte ni los emires del sur decidieran por ella.

Ahí está la clave de esta “otra Reconquista”. Mientras el reino asturiano consolidaba un eje de expansión hacia Galicia, León y el valle del Duero, el poder pamplonés aprendió a sobrevivir en un tablero mucho más apretado: francos, emires cordobeses, linajes vascones y los Banu Qasi del Ebro. Solo a comienzos del siglo X, con Sancho Garcés I, esa política de equilibrio se convirtió en una expansión territorial sostenida hacia La Rioja y el Ebro.

La pregunta histórica

¿Por qué el reino de Pamplona siguió durante los siglos VIII y IX una trayectoria tan distinta de la asturiana, y cuándo pasó de ser un poder fronterizo que negociaba su supervivencia a convertirse en uno de los grandes actores cristianos del norte peninsular?

01Dos fronteras02Roncesvalles y los Banu Qasi03El giro de 90504Del Ebro a Sancho III
Período 778–1035
Espacio Pirineos occidentales, Pamplona, La Rioja y valle del Ebro
Protagonistas Íñigos/Arista, Banu Qasi, carolingios, Córdoba y dinastía Jimena
Advertencia “Reino”, “Reconquista” y las fronteras exactas son conceptos que deben manejarse con cautela para los siglos VIII–IX
Fecha clave905: Sancho Garcés I inaugura una política claramente expansiva
Lugar claveEl Ebro: frontera, vía de comunicación y corredor de expansión
Fuente principalCrónicas francas, Crónica Albeldense, Genealogías de Roda y noticias árabes
Idea centralNo hubo una sola “Reconquista”: hubo varios proyectos fronterizos que acabaron convergiendo

Dos lógicas de frontera

Compararlas ayuda más que meterlas en un mismo relato lineal. Asturias y Pamplona eran poderes cristianos del norte, pero durante los siglos VIII y IX no estaban resolviendo exactamente el mismo problema.

AsturiasConsolidación monárquica y avance progresivo hacia Galicia, León y el Duero.
PamplonaSupervivencia entre la presión franca desde el norte y la cordobesa desde el Ebro.
Banu QasiUn poder muladí del valle del Ebro que podía ser aliado, rival o intermediario según la coyuntura.
Giro del siglo XCon Sancho Garcés I, Pamplona deja de limitarse al equilibrio y se lanza hacia Nájera, Viguera y La Rioja.

1. ASTURIAS BAJA AL DUERO; PAMPLONA INTENTA QUE LA DEJEN EXISTIR

La comparación funciona precisamente porque el punto de partida es distinto. En el noroeste, el núcleo asturiano surgido en el siglo VIII se fue transformando en una monarquía con una capacidad territorial creciente. Alfonso I aprovechó la crisis del poder andalusí y las revueltas bereberes para realizar campañas por la cuenca del Duero; Alfonso II reforzó Oviedo y una legitimidad política vinculada a la tradición visigoda; y con Alfonso III, a finales del siglo IX, la frontera efectiva avanzó hasta el Duero. Asturias no estaba “quieta”: estaba construyendo un corredor de expansión occidental.

Pamplona, en cambio, se encontraba encajada en una frontera pirenaica donde cualquier expansión demasiado temprana podía atraer a dos poderes superiores. Al norte estaban los carolingios, interesados en construir una zona de seguridad al sur de los Pirineos. Al sur y al este estaba al‑Ándalus, cuyo dominio sobre la región fue cambiante pero cuya capacidad militar podía alcanzar Pamplona. Y en medio apareció un actor que rompe cualquier relato sencillo de cristianos contra musulmanes: los Banu Qasi.

Los Banu Qasi eran una familia muladí —de origen hispano convertido al islam— que llegó a dominar buena parte del valle medio del Ebro. Tudela y su entorno eran una de sus bases esenciales. Para un jefe pamplonés del siglo IX podían ser más útiles como socios contra Córdoba o contra los francos que como “enemigos religiosos”. En ese contexto, la política no se ordenaba por una frontera confesional fija, sino por parentescos, clientelas, rebeliones y oportunidades.

“La frontera pamplonesa no separaba dos mundos: era el lugar donde esos mundos negociaban, guerreaban y se mezclaban.”
Vista real de la Colegiata de Roncesvalles desde el alto de Ibañeta, Navarra
Roncesvalles desde Ibañeta. Fotografía real del paisaje donde la memoria situó uno de los episodios más famosos de la frontera carolingia. La colegiata visible es muy posterior a 778. Foto: Jialxv, 2019, CC0. Wikimedia Commons.

Tres lugares para entender el tablero

No son “decorados medievales” intercambiables: cada uno corresponde a una pieza concreta del problema pamplonés —la legitimidad monástica, el corredor del Ebro y el desplazamiento posterior del centro político hacia La Rioja.

Cripta románica del monasterio de San Salvador de Leyre
Leyre. La cripta actual es románica y posterior al primer reino pamplonés, pero el monasterio se convirtió en uno de los grandes lugares de memoria de la monarquía navarra. Foto: PMRMaeyaert, CC BY-SA 3.0. Commons.
Puente sobre el río Ebro en Tudela, Navarra
Tudela y el Ebro. Fotografía actual del corredor que explica el poder de los Banu Qasi y la futura dirección de la expansión pamplonesa. Foto: Papix, CC BY-SA. Commons.
Interior de Santa María la Real de Nájera
Nájera. La iglesia que vemos es bajomedieval, no la del siglo X, pero la ciudad se convirtió en un centro político decisivo tras la expansión de la dinastía Jimena. Foto: PMRMaeyaert, CC BY-SA 3.0 ES. Commons.

2. RONCESVALLES, ÍÑIGO ARISTA Y EL ARTE DE JUGAR A TRES BANDAS

Roncesvalles en 778 es el primer gran aviso: los carolingios podían entrar en la Península, pero dominar de forma estable los valles pirenaicos era otra cosa. La derrota de la retaguardia de Carlomagno no creó automáticamente un “reino de Navarra”, ni fue una Covadonga vascona. Fue, sobre todo, una demostración de que los poderes locales de la montaña tenían capacidad para castigar una intervención franca.

La fecha de 824 es más importante para la formación del poder pamplonés. Una nueva expedición franca sufrió otra derrota en la zona pirenaica y, en ese contexto, Íñigo Arista aparece como figura central de un poder autónomo en Pamplona. La historiografía tradicional lo llama primer rey; para el siglo IX conviene ser prudentes con las etiquetas institucionales, porque la documentación es escasa y las estructuras políticas todavía estaban cristalizando.

El vecino musulmán que podía ser familia política

Lo verdaderamente interesante es que los Íñigos no levantaron su independencia exclusivamente contra los musulmanes. Mantuvieron relaciones estrechas con los Banu Qasi del valle del Ebro. Esas relaciones incluyeron alianzas políticas y vínculos familiares, y en varias coyunturas de la década de 840 ambos poderes se enfrentaron a la autoridad cordobesa. La frontera, por tanto, no se puede dibujar como dos bloques compactos separados por una línea.

Ese equilibrio no era eterno. Cuando los intereses de Musa ibn Musa —el gran caudillo Banu Qasi del siglo IX— se acercaron de nuevo a Córdoba, Pamplona pudo buscar apoyos en el reino asturiano. La misma familia o el mismo señor que ayer era el aliado natural podía convertirse mañana en el rival principal. En este mundo, la religión importaba, pero no bastaba para predecir las alianzas.

905: cuando cambia la lógica

El gran giro llega en 905, con la llegada al poder de Sancho Garcés I y la dinastía Jimena. A partir de entonces Pamplona deja de ser únicamente un pequeño poder pirenaico que maniobra entre vecinos y adopta una política expansiva mucho más reconocible. El objetivo ya no es solo preservar Pamplona: es controlar plazas, fortalezas y corredores hacia el Ebro.

Sancho Garcés I extendió su dominio hacia el oeste y el sur, penetró en La Rioja y, en cooperación con Ordoño II de León, arrebató a poderes musulmanes enclaves como Nájera y Viguera. La expansión no fue una marcha triunfal sin respuesta: en 920 Abd al‑Rahman III derrotó a la coalición navarro‑leonesa en Valdejunquera y en 924 lanzó una campaña que llegó hasta Pamplona. Precisamente por eso el cambio es tan importante: desde 905 el reino ya estaba jugando de forma ofensiva en un escenario en el que Córdoba seguía siendo capaz de golpearlo duramente.

Dos mapas, dos momentos

La cartografía histórica es aproximada, pero permite ver la transformación: hacia 910 Pamplona continúa siendo un espacio pequeño junto al gran corredor de los Banu Qasi; en 1035 el reino de Sancho III se ha convertido en el eje político de buena parte del norte cristiano.

Mapa histórico de la Península Ibérica hacia el año 910 con Asturias, Navarra, Banu Qasi y Emirato de Córdoba
La Península hacia 910. Mapa de Crates basado en cartografía de la University of Texas; licencia CC BY-SA/GFDL. Las fronteras son reconstrucciones orientativas. Commons.
Mapa del reino de Pamplona a la muerte de Sancho III en 1035
El reino de Pamplona en 1035. Cartografía de Miguillen a partir del Atlas de Navarra. Geografía e Historia del Gobierno de Navarra; CC BY-SA. Commons.
Qué mirar: en el primer mapa, la posición comprimida de Pamplona entre Asturias, el espacio franco y los Banu Qasi; en el segundo, el desplazamiento hacia Nájera, La Rioja y los condados pirenaicos. No son dos fotogramas de una frontera estable, sino dos reconstrucciones de procesos muy móviles.

Cronología esencial

778RoncesvallesLa retaguardia de Carlomagno es atacada por fuerzas vasconas durante la retirada.
824Segunda derrota francaEl fracaso carolingio coincide con la consolidación del poder de Íñigo Arista en Pamplona.
c. 840Íñigos + Banu QasiAlianzas y rebeliones conjuntas muestran que la frontera no funciona por bloques religiosos.
905Sancho Garcés ILa dinastía Jimena inicia una fase de expansión hacia el Ebro y La Rioja.
920–924Choque con el califatoValdejunquera y la campaña de Pamplona recuerdan la potencia militar de Abd al‑Rahman III.
1004–1035Sancho III el MayorPamplona alcanza una influencia extraordinaria en Castilla, León y los condados pirenaicos.

3. QUÉ SABEMOS Y QUÉ ESTAMOS INTERPRETANDO

La Alta Edad Media navarra tiene un problema que comparte con otros espacios fronterizos: muchas de las narraciones que organizan hoy el relato fueron escritas después de los hechos. Las crónicas francas ayudan a reconstruir Roncesvalles; las fuentes árabes son esenciales para seguir a los Banu Qasi y las campañas de Córdoba; y textos como la Crónica Albeldense o las Genealogías de Roda permiten reconstruir dinastías, parentescos y memoria política. Pero ninguna de ellas equivale a un registro administrativo moderno.

Por eso conviene separar tres niveles. Podemos afirmar la existencia de poderes locales pamploneses, la intervención carolingia, la relevancia de los Banu Qasi y la expansión de Sancho Garcés I. Es más discutible convertir 824 en una fecha constitucional exacta de “fundación nacional” o proyectar sobre Íñigo Arista una monarquía plenamente formada. Y directamente no conocemos el rostro, la voz o la apariencia personal de esos gobernantes: las estatuas y miniaturas que hoy los representan pertenecen a épocas posteriores.

Estado de la evidencia

La idea no es quitarle épica al relato, sino saber dónde acaba el dato y dónde empieza la reconstrucción.

Bien documentado

La intervención carolingia en la frontera pirenaica; la existencia y poder regional de los Banu Qasi; las campañas de Abd al‑Rahman III; y la expansión de Sancho Garcés I hacia La Rioja.

En discusión

La naturaleza institucional exacta del primer poder pamplonés, el uso retroactivo del término “reino” y el grado en que puede hablarse de “Reconquista” para el siglo IX.

No lo sabemos

Cómo eran físicamente Íñigo Arista o Sancho Garcés I, ni podemos tratar representaciones artísticas de siglos posteriores como retratos del natural.

Miniatura medieval de Sancho III el Mayor en un compendio de crónicas conservado en la Biblioteca Nacional de España

Una imagen medieval, pero no un retrato contemporáneo

Esta miniatura representa a Sancho III el Mayor en un Compendio de crónicas de reyes conservado en la Biblioteca Nacional de España. El manuscrito es de comienzos del siglo XIV, casi trescientos años posterior al monarca. Sirve para estudiar cómo la Edad Media tardía imaginó y ordenó la memoria de sus reyes, no para saber qué aspecto tenía Sancho.

Clave de lectura: pieza de la BNE, c. 1312–1325, autor desconocido, dominio público. Ficha y procedencia.

4. LA OTRA DIRECCIÓN: DEL PIRINEO AL EBRO

La consecuencia más importante de este proceso es geográfica. El avance astur‑leonés organizó durante siglos un eje norte‑sur hacia el Duero, la Meseta y después el Tajo. Pamplona desarrolló otro eje: Pirineos occidentales → Tierra Estella → La Rioja → valle del Ebro. Cuando ambos proyectos empiezan a coordinarse —como ocurrió con Sancho Garcés I y Ordoño II— el mapa político cristiano de la Península ya no puede explicarse desde un único centro.

La conquista y control de Nájera tuvo un valor enorme. No solo acercaba Pamplona a las grandes rutas del Ebro; también desplazaba parte del peso político del reino hacia una zona más rica, abierta y conectada. En el siglo XI, la corte y la memoria regia vinculadas a Nájera muestran hasta qué punto aquel pequeño núcleo pirenaico había cambiado de escala.

Con Sancho III el Mayor, entre 1004 y 1035, ese proceso alcanza su punto culminante. Su poder e influencia se extendieron sobre Castilla y León y sobre varios condados pirenaicos. No creó una “España unificada” ni un estado moderno, pero sí convirtió el reino de Pamplona en el principal articulador político de buena parte del norte cristiano durante una generación.

Y ahí está la paradoja final: el poder que en el siglo IX había sobrevivido aliándose a veces con musulmanes contra cristianos y otras con cristianos contra musulmanes terminó siendo una de las matrices de los reinos cristianos del siglo XI. La historia peninsular de los siglos VIII–X no es la de dos bloques que avanzan y retroceden. Es la de muchas fronteras superpuestas que, solo con el tiempo, acabaron produciendo algo parecido al mapa que los manuales dibujan desde el principio.

Asturias y Pamplona no fueron dos capítulos de la misma estrategia: fueron dos soluciones distintas al problema de sobrevivir en la Península del siglo IX.

Cómo imaginamos hoy a quienes no podemos ver

Estas tres imágenes son obras reales, fotografiadas en espacios públicos, pero ninguna es un retrato contemporáneo. Son memoria posterior: muestran cómo siglos más tarde se construyó una iconografía regia para personajes de los que no conservamos una imagen fiable.

Estatua dieciochesca de Íñigo Arista en la Plaza de Oriente de Madrid
Íñigo Arista imaginado en el siglo XVIII. Estatua de José Oñate, 1750–1753, Plaza de Oriente. Foto: Luis García/Zaqarbal, CC BY-SA 3.0. Commons.
Busto moderno de Sancho Garcés I en Villamayor de Monjardín
Sancho Garcés I en Monjardín. Busto moderno dedicado al rey asociado al gran giro expansivo de comienzos del siglo X. Foto: Catalvaz, CC BY-SA 3.0. Commons.
Monumento moderno a Sancho III el Mayor en Pamplona
Sancho III en la memoria contemporánea. Monumento de Pamplona fotografiado por Jialxv, CC BY-SA 4.0. Commons.
Conexión con Cantabria: esta comparación coloca el territorio de la actual Cantabria en el otro gran eje del norte: el mundo cantábrico vinculado a la expansión astur‑leonesa y, más tarde, castellana. Conviene no trasladar las fronteras autonómicas actuales al siglo IX, pero sí recordar que Pirineos y Cordillera Cantábrica generaron respuestas políticas distintas frente a al‑Ándalus.

Fuentes y lecturas

El artículo combina síntesis historiográfica, materiales de trabajo del Tema 29 y fuentes institucionales. Los créditos visuales se indican también bajo cada imagen.

  • FUENTES ALTOMEDIEVALES. Annales Regni Francorum; Crónica Albeldense; Genealogías de Roda. Deben leerse atendiendo a su fecha, propósito y distancia respecto de los hechos.
  • JOSÉ MARÍA LACARRA. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla. Obra clásica para la formación del reino pamplonés.
  • GOBIERNO DE NAVARRA. Historia de Navarra. Milenios de convivencia, síntesis institucional sobre la formación y expansión del reino.
  • ALBERTO CAÑADA JUSTE. “¿Quién fue Sancho Abarca?”, Príncipe de Viana, 255 (2012), pp. 79–131; útil para el reinado de Sancho Garcés I, Nájera, Viguera y los problemas de la tradición regia.
  • CARTOGRAFÍA. Península Ibérica hacia 910 y reino de Pamplona en 1035. Son reconstrucciones visuales, no fronteras administrativas de precisión moderna.
  • CRÉDITOS VISUALES. Roncesvalles (Jialxv, CC0); Leyre y Nájera (PMRMaeyaert, CC BY-SA); Tudela (Papix, CC BY-SA); estatuas de Íñigo Arista, Sancho Garcés I y Sancho III (Zaqarbal, Catalvaz y Jialxv, licencias CC); miniatura de Sancho III (Biblioteca Nacional de España, dominio público).

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